jueves, 31 de marzo de 2016

Episodio III: Sombras de la luz

Darth Paychon regresó de uno de los lugares mas remotos del universo, donde estuvo buscando respuestas y entablando conversación con el Todopoderoso Tero con la esperanza de volver más fuerte. Su largo estado de letargo le hizo comprender que la fuerza y el poder procedían del mayor miedo que instaura al joven Lord Sith, la mente. Ello provocó que continuase con su plan inicial de acabar con los exponentes máximos del consejo de la luz de la Blume.

Además la misión que le encargó a Kylo Raico fue un éxito, dejando a todos los caballeros lechones fuera de su alcance y alcanzando el sueño de todo aprendiz junior, llegar a la sagrada Suiza, donde pretende dejar su huella en ese terreno escarpado y complicado. Sin embargo, atisbos de luz en Kylo Raico procedentes de la senadora Amidala Pons hicieron que traicionase a su maestro oscuro dejándolo totalmente solo para acabar la tarea encomendada, acabar con el Maestro Rorri.



Incluso Darth Paychon se permite soñar con algo más que la gloria. Un loco sueño, pero así es, contra la luz, contra la experiencia, contra todo pronostico, se puede hacer. Se puede vencer.

El tiempo transcurre y las circunstancias ponen a ambos, cara a cara, en el Planeta O Grove donde el Sith pichoniano se veía con confianza y capacidad de dar un golpe sobre la mesa y terminar todo por cuanto ha sufrido, ha llorado y ha luchado. 

El Maestro Rorri empieza a girar alrededor del Sith... sus piernas: implacables como el acero...
sus ojos: marrones como los de un león, clavados bien en su objetivo... su dirección, clara y concisa, no vacila en sus intenciones. El caballero de la luz olfatea... saboreando el olor del inminente bocado. El aire, frió en sus pulmones; los pinos, que mecidos por el viento se estrellan contra la apremiante mañana...Sin embargo, a Darth Paychon no le sobrecoge el temor; simplemente es mas consciente de todo cuanto le rodea. 

Un ataque involuntario dominado por la impulsividad y la ira deja al descubierto un espacio clave para que el experimentado maestro acabe de una vez por todas con todos los esfuerzos que han acabado condenando a Paychon... No hay miramientos ni perdidas de tiempo, su pulso es firme. Su forma física: perfecta.

Cuando el Maestro Rorri, exhausto y cubierto por el sudor, ve caer el joven cuerpo en la arena, le mira fijamente a los ojos esperando encontrar un pequeño rastro de luz en ellos. El día es suyo, no hay canciones que cantar...Ambos se miran, mientras los ojos llorosos de Paychon se van desvaneciendo para siempre. Sabe lo que significa este gesto con lo que permite al joven acabar con su historia observando el incesante y basto entorno que le rodea. Todo ha terminado y la esperanza de un futuro mejor esta presente en todas partes. 










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